proceso de copia

Estoy sentada encima de la última piedra, antes de volver a la esfera del

primer entrenamiento. Se logró lo que quería de la bola que al principio

silenciosa y apagada, ¡Qué la sombra viera de ella la unidad

después del juego! Vaya idiota.

El primer primitivo entrenamiento, cruel, despiadado, obligaba a sus

ojos desplazarse, observó esmeros negros, veneno de escamas e

ilusiones; se desprendía de mi vientre cual consorte para ver mientras

yo dormía, ilusa que sonriendo al despertar lo retrataba en el papel sin

sintonía ni discordia. Fui tranquila, cual reptil que harta a sus presas y

espera defecar, el tiempo transcurre lento. Mis anotaciones eran breves,

llovían sueños de otras vidas, otros sueños, otros rostros, todos ellos

femeninos, algunos rasgos y fronteras, eran madres, sentadas en los

porches, acomodadas mecían la época y sus escotes; al sofoco se

entregaron y a los ojos oscuros, para luego aparecerse en mi ventana. Y

al reposar mi alma en las miradas, ellas, todas, se filtraron. Y del eco de

sus voces, gruñían historias densas, caminos sin descanso, círculos

intensos, triángulos enfermos, laberintos que no supe explicar con la

palabra , ya era médium. La palabra era limitada, no sabía navegar en

los sentidos sin estancarse en una idea que hace nido e impone,

saturando la mente de teorías. Explota mi cabeza al razonarlo,

combinaba posibilidades para seducir la memoria, llevarla a la cama

y despertar garabatos que culminan insensatos, rechazos, vómitos y

miedos.

El brillo en la negrura de sus ojos abría un canal, recién la descubría,

era la criatura más hermosa que haya visto; plasma solar desprendido

de mi vientre, contorno curvilíneo al que tanto le temí. Había llegado

sin orar, no era dios, no era el diablo; era el momento de escribirlo y

publicarlo pero las madres sentadas en los porches , se columpiaban en

el músculo de la memoria. Sálvame a mí. Oh no, por favor a mí. No hija

mía, sálvala a ella . -Sálvate tú del ente extendido, de la bestia perniciosa-

La criatura tenía sombra, las seguí sin miramiento, perdiendo notas y

el contexto, le entregaba a ella el talento. Es la madre del porche que

merece crear más allá de sus hijos. La justificaba. Oh no, era floja, lenta,

tendencies, lujuriosa, enfermiza y fastidiosa.

El espacio de mis sueños es inmenso puedo crear otro ente. La sombra,

escuchó, tembló al recordarme, me excitó saberla subyugada. Aventé

bolas variadas, regresó mala poesía y vino. Jugamos en mi campo y ella

poco a poco fue trazando el llanto. Deseaba dibujarse hasta las lágrimas

y con ello anhelaba identidad, desplazando a la criatura y su creadora.

Finalmente vislumbré su motivo, pero la astuta sombra, había

castrado mi botón ¿Qué seguía, valía la pena narrarla o barrarla?

Su anhelos era truncos, sus envidias la inflaron, la gula la consume, su

persecución quedó expuesta ante los ojos del tumulto, entre la broma

me atrapaba. Sol, solecito, de la bóveda hechicera, sácame de la broma

en un momento cualquiera.

La piedra sigue aquí, el ruido constante amenaza con ahuyentar a la

sombra, el misterio y la belleza la enamoran, quiere taladrar la piedra y

esculpir el secreto, si la dejo. Podría perderme en su devaneo. Enemiga,

amiga , solo yo sabré qué hice, solo yo sé qué hago, solo yo sé qué haré y

tú, ampárame de ti, ya eres mía.

La criatura a vuelto unida, las madres no existen después de este

confuso fragmento de última piedra salitrosa.

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